miércoles, 14 de junio de 2017

El último organito del país en Luján



Cherry internacional  y el último organito del país 
Santuario Nuestra Señora de Luján



















barcaza en el río Luján

río Luján 

el organillero en la esquina 
atrapasueños en la Feria

muñecas en la Feria 

(Buenos Aires)

Además del imponente santuario dedicado a la Virgen de Luján, Patrona de
la Argentina,  museos como el de la ciudad de Luján y el Complejo Museográfico
Enrique Udaondo se encuentran algunos atractivos turísticos que parecen no
haber cambiado en el tiempo.
Uno de ellos es el organillero "Cherry Internacional" que con sus dos cotorras
entrega la suerte a los interesados en conocer el futuro y de paso ver algo
que no se sabe perdurará. A cambio de unos pesos, una de las cotorras elige
un papelito de color rosa y se lo entrega al organillero, quien me  lo entrega a mi.
El papelito indica además de la suerte que Cherry Internacional que ha sido reporteado
en diferentes medios de radio, revistas y televisión tanto argentinas como extranjeros
es "un bohemio de Luján continuador del místico organillero". Le pregunto la edad de
las cotorras y me dice que tienen veinte años y que una de ellas no trabaja, que la
encontró con un ala rota y se curó,  la otra sí - es la que entrega la suerte -.
Otro de los atractivos de la ciudad de Luján es el río y lo que se encuentra alrededor.
Hay recreos, restaurants, parque de diversiones y feria. En esta última hay desde
muñecas, atrapasueños, recuerdos, artesanías.
La visita a la ciudad de Luján es también un viaje en el tiempo.

lunes, 5 de junio de 2017

Me acuerdo de Banjul por Javier Claure C.


un mercado en Banjul 














Fajara, una zona a las afueras de Banjul





Faramaz, guía acariciando un cocodrilo 
Tanji, población de pescadores


(Estocolmo) Javier Claure C.

Me acuerdo de Banjul, la capital de Gambia. Hace 5 años viajé por algunos países de África. Había llegado a esa ciudad, desde Barcelona, a las tres de la mañana un día jueves del mes de diciembre. Fatou, una amiga a la que conocí en Estocolmo, me esperaba en el aeropuerto. Después de recoger mi equipaje me dirigí hacia afuera. Allí estaba ella. Nos saludamos cordialmente y luego de intercambiar algunas palabras, me llevó hasta su coche. Me informó que el hotel al cual me iba a llevar estaba situado en una zona llamada Kotu. Pues yo acepté y punto. Me senté a su lado en el coche. Fatou, estaba guapa, bien vestida y de vez en cuando volteaba la vista hacia mí para hablarme amablemente. En el camino hacia el hotel, a un principio, solo veía arena y algunas chozas rodeadas con una luz tenue. Me entró una especie de tristeza, pero no lo demostré. Más bien disimulaba, ese estado emocional, con algunas preguntas que ella muy atenta contestaba. Cuando nos acercábamos a la ciudad empezaron a aparecer casas, aunque la iluminación seguía siendo débil. De pronto, Fatou frenó el coche, y me dijo:

-Aquí está tu hotel, mañana vengo a recogerte a las dos de la tarde para mostrarte la ciudad.
-Okey, le contesté con una sonrisa.

Bajé mi maleta del coche, Fatou me indicó con la mano la entrada al hotel.
Era una puerta grande de madera, en donde decía: “Manjai Lodge”. Me registré y pagué por adelantado la primera semana. Ibrahim, un hombre alto y musculoso, estaba trabajando de turno aquella noche. Entré a mi habitación, me senté en el borde la cama, y me puse a pensar sobre mi viaje. Desde hace muchos años quería conocer algunos países de África, y pues ahora se había hecho realidad este sueño.
Al día si siguiente, a la hora indicada, Fatou vino a recogerme. Me llevó primero por los alrededores de Kotu, a una bella playa de agua turquesa. A Senegambia, el lugar turístico lleno de restaurantes, negocios, pubs, discotecas etc. Me presentó a sus amigas y, ya entrada la tarde, nos fuimos a comer a una especie de quinta llamada “Ali Babá”. Entre risas y bromas cada una me contaba algo de Gambia. La gente de este país es amable, hospitalaria y alegre pese a las adversidades de la vida.
Me acuerdo de los niños cuando caminaba por entre las poblaciones. Una vez estuve paseando por Fajara, un suburbio de Banjul. En este país la gente tiene la costumbre de sentarse a las afueras de su casa para conversar y tomar su famoso “ataya”, una infusión preparada con una hierba especial. En esa ocasión pasé por una calle donde unos niños estaban jugando fútbol. Apenas me vieron, empezaron a gritar tubab, tubab, tubab. Tubab quiere decir en wolof, uno de los idiomas de Gambia, hombre blanco. Algunos niños se acercaban, me tomaban la mano unos segundos, y luego corrían diciendo minti, minti, minti que significa caramelos. Entonces entré a una tienda y compré una bolsa grande de caramelos para repartir a cada uno. Abrí la bolsa, luego traté de que hagan una fila, pero fue imposible. Se formó una avalancha. De repente aparecieron como 80 niños y niñas; y me acorralaron bruscamente. No tuve otra alternativa que arrojar las golosinas al aire para que me dejasen libre. A los niños gambianos les gusta jugar con los extranjeros, que se les tome fotos y que se les hable en un idioma extraño. Siempre están alegres y riendo, aunque muchos de ellos viven en la pobreza.
Me acuerdo de Tanji, una población de pescadores. Sus hermosos paisajes cautivan a cualquier persona e inspiran a escribir preciosos cuentos salidos del mar. Llegué allí a eso de las 6 de la tarde, porque a esa hora retornan los barcos pesqueros a tierra; después de una larga jornada de trabajo que empezó en la madrugada. Se acercan a la orilla, uno tras otro, con la carga capturada. Las gaviotas revoloteaban para aprehender algún pescado deslizado por entre las redes. Algunos hombres trataban también de capturar las piezas que se caían. Miles de personas venidas desde la capital y otros pueblos aledaños, en su mayoría mujeres, se daban cita en este lugar para comprar el pescado fresco. Vendedoras y amas de casa, con sus atuendos multicolores y recipientes de plástico, muchas de ellas con sus hijos cargados en la espalda, estaban ahí regateando el precio del pescado.
Me acuerdo también de Kachikally, un sector situado a una hora y media de Banjul. Me acompañó Faramaz, mi guía personal. Allí hay una laguna bien grande con decenas de cocodrilos. Algunos cocodrilos están tomando sol muy cerca por donde pasan los visitantes. Apenas vi a uno, que parecía una piedra porque no se movía para nada, me oculté tras el tronco grueso de un árbol. Una detalle que me llamó mucho la atención es que algunas personas, entre ellos mi guía, se acercaban para acariciarlos como si fuesen inocentes ovejas. Cuando pregunté el porqué de ese aterrador comportamiento, me contestaban que no eran cocodrilos hambrientos, ya que estaban alimentados con mucho pescado. Digan lo que digan, a cualquier persona se le pone los pelos de punta cuando ve a ese feroz reptil a su frente. En realidad, la laguna de Kachikally, con sus cocodrilos, tiene mucha importancia para los pobladores del sector. Según la leyenda, la transición de niño a hombre está marcada por la circuncisión. Muy cerca de un baobab se realizaban ceremonias de circuncisión. Las mujeres que se bañaban en la laguna quedaban embarazadas por obra y gracia de una divinidad. Pero antes debían ser observadas cautelosamente por los cocodrilos. Podríamos, entonces, deducir que es la laguna de la fertilidad.
Lo que más me acuerdo y se me quedó grabado en la mente es Juffure, la aldea donde nació Kunta Kinte de la tribu Mandinka. Fue el primer hijo de Omoro y Binta Kinte. En este lugar hay un pequeño museo. Todavía existen descendientes de Kunta Kinte que viven en pequeñas casas hechas de barro con techos de calamina. Juffure, de alguna manera, traslada al turista a tiempos de la esclavitud. Ese joven inocente, a su raza y color, fue abatido a latigazos, por los mercaderes de esclavos, mientras buscaba un tronco para fabricar un tambor. Así lo capturaron para trasladarlo a otros mundos a través del Atlántico. Kunta Kinte nunca más volvió a ver a su familia.
El Fuerte de James Island, prisión de esclavos en el pasado; hoy en día está en ruinas y abandonado. Y los únicos visitantes a los pedazos de paredes hechas de ladrillos, son lagartos de diferentes tamaños. Gracias a la novela “Raíces”  de Alex Haley, descendiente de Kunta Kinte, la aldea de Juffure se ha vuelto un centro turístico.
(c) Javier Claure C.
Estocolmo
Javier Claure C. es un escritor de origen boliviano radicado en Suecia
texto y fotografías (c) Javier Claure C. enviadas por Javier Claure C. para su publicación en la revista Archivos del Sur

domingo, 4 de junio de 2017

Roberto Arlt y la novela contemporánea - Magda Lago Russo

retrato de Roberto Arlt (c) Ricardo Carpani

(Montevideo) Magda Lago Russo

Roberto Arlt (  Buenos Aires, 26 de abril de 1900 —. 26 de julio de 1942). Novelista, dramaturgo, periodista e inventor argentino.  Roberto Arlt pertenece a una generación de escritores latinoamericanos que, nacidos hacia las postrimerías del siglo XIX, empiezan a realizar, en la tercera década del siglo XX, una literatura atenta a la realidad social y física de América del Sur. No es casual que el escritor de los conflictos ciudadanos sea un habitante de Buenos Aires, ciudad que por entonces no sólo es la más extensa y populosa de Sudamérica sino que por sus características culturales y económicas constituye un orbe aislado y autónomo. Buenos Aires es una ciudad que tiene su propia música, que es el tango, un dialecto particular, que es el lunfardo, y hasta un medio público de transporte original, que es el colectivo. Y este cosmos se divide además en territorios menores, cada uno con su personalidad y carácter, que son sus cien barrios. Al borde de la tierra, fija sus ojos en Europa, y levantada junto al río, con diques, vías de ferrocarril y factorías, se aísla del agua. En resumen, una isla, un universo estanco sin paisajes ni playas. La vida nocturna y el fútbol acaparan sus emociones. En esta ciudad nació y vivió Roberto Arlt, quien, además, congregaba en su personalidad los principales conflictos sociales y culturales de un hombre de su tiempo: era hijo de inmigrantes y procedía de la pequeña burguesía, la cual, debido al acelerado movimiento de clases que experimentó la sociedad argentina a principios del siglo XX, debió soportar agudos problemas sociales, culturales y económicos, que son los que en última instancia reflejan las novelas de Arlt. "El juguete rabioso", su primera obra de importancia, editada en 1926, en donde transcribe casi todos los episodios significativos de su existencia hasta ese momento. Obra fundamental de la literatura argentina y latinoamericana, “El Juguete Rabioso” cuenta la infancia y adolescencia de Silvio Astier Ambientada entre los años 20’, narra en cuatro episodios la lucha de Silvio Drodman Astier, un adolecente que trata de escapar de la miseria y humillación a la que se ve sometido como consecuencia de su condición social, marcada por la marginación y la pobreza. Silvio un chico de catorce años que alimentaba su imaginación con libros sobre ladrones y aventureros que le prestaba un viejo zapatero. …" Entonces yo soñaba con ser bandido y estrangular corregidores libidinosos; enderezaría entuertos, protegería a las viudas y me amarían singulares doncellas...".Con tintes autobiográficos, la novela cumbre de Roberto Arlt narra la difícil vida de la clase baja porteña, la problemática del inmigrante, y el clima de incertidumbre propio de comienzos de siglo veinte. La soledad en las grandes ciudades, la melancolía, la incomunicación pero también la esperanza y el valor de la lealtad, son temas que esta genial obra abarca.  Donde empieza el autor y termina el personaje, Roberto Arlt reflejó como nadie los traumas de la pobreza y la humillación y, de paso, transformó para siempre la historia de la literatura argentina con su estilo salvaje y violento."Este cañón puede matar, este cañón puede destruir. Y la convicción de haber creado un peligro obediente y mortal me enajenaba de alegría". De esta manera, atormentada y feliz, Silvio Astier entra definitivamente al mundo del crimen en “El juguete rabioso”, obra maestra del hasta entonces joven y desconocido escritor Roberto Arlt. En 1926, logró por fin publicar "El Juguete Rabioso". Silvio Astier es el primer eslabón en esa cadena de seres encendidos. "¿Y usted cree en Dios?- le preguntan a Silvio en la novela-. -Yo creo que Dios es la alegría de vivir". Ese era Arlt. A partir de esta entrada, de esta irrupción violenta y descarada, la literatura argentina ya no volvería a ser la misma, y nadie quedaría al margen de la influencia de este enigmático personaje que escribió como vivió. También estaba el escritor que nació para ser vendido en los tranvías y que jamás fue aceptado por una élite de intelectuales formales y pacatos a los que atacó con ferocidad. Entonces, la frontera que separa al hombre de sus personajes se hizo cada vez más delgada, por momentos confundiendo realidad con ficción. "Soy el mejor escritor de mi generación, y el más desgraciado. Por eso tal vez soy el mejor", reconocía en una de sus Aguafuertes porteñas para explicar cómo ese mundo de locos, artistas y criminales no sólo se hallaba en sus libros, sino que también se desarrollaba en su mente, en su alma y en su corazón. Formó parte, además, de una generación de intelectuales que por primera vez en la Argentina pretendió vivir de su actividad de artistas, de escritores, de creadores, y si de algún modo lo consiguieron fue a costa del sacrificio de sus sueños y ambiciones personales. Fue por lo tanto un testigo de su época y su obra constituye un alegato en que defendió el derecho humano a la dignidad, a la independencia, sobre todo a la pureza, y en que fustigó todas las formas de la mezquindad, de la bajeza, de la perversión en que puede sumirse el hombre. Por haber vivido en el vértice de una conmoción general que sacudió con violencia inusitada las estructuras sociales de su país, y por haber sabido reflejar, esa realidad en sus escritos, Roberto Arlt pudo llevar a cabo una de las obras más originales, profundas y vigorosas de la literatura ar­gentina. El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1984) ha dicho de él: "Es el último tipo que escribió novela contemporánea en el Río de la Plata". Escribió en el aguafuerte del 10 de marzo de 1930: “Lo único que sé es que voy a trabajar, vaya donde vaya. La única válvula de escape que tengo en la vida es eso: escribir. El agrado que recibo es saber que me leen”.
(c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay

Bibliografía: Sudestada – Nª9. – “Borges vs. Arlt”
Guillermo Mayr – “El jinete insomne”

Magda Lago Russo es escritora