martes, 8 de agosto de 2017

Acerca de los cincuenta años de "Cien años de soledad" por Magda Lago Russo

tapa del libro Cien años de soledad de
Gabriel García Márquez ilustración de Luisa Rivera
Penguin Random House Grupo Editorial 


(Montevideo) Magda Lago Russo 
Cien años de soledad narra la vida de la familia Buendía y su permanencia en el pueblo de Macondo que fue destruido luego de cien años. Este se fundó luego de que José Arcadio Buendía partiera junto a su esposa Úrsula Igüarán y un grupo de amigos hacia la sierra, pues buscaban escapar del espectro de Prudencio Aguilar, víctima de José Arcadio. En el verano de 1965, radicado en México con su esposa, Mercedes Barcha, sus hijos Rodrigo y Gonzalo, llegó a la cabeza de Gabriel García Márquez la determinación de materializar la novela que desde su adolescencia tenía en mente y que realmente lo llenaba profesionalmente. Gabo (como así lo llamaban) pudo dedicarse a escribir después de asegurarse una entrada económica mínima para el sustento de su familia con los contratos para publicar sus obras previas en inglés y en francés, gestionados por la agente literaria Carmen Balcells. Aunque el dinero recibido no fue suficiente, la familia García-Barcha vivió, tal como contó el propio autor, varios meses a crédito y con préstamos de amigos cercanos En septiembre de 1966, después de trabajar durante dieciocho meses el libro Cien Años de Soledad, García Márquez fue a la oficina de correos más cercana de su casa en Ciudad de México para enviar a Buenos Aires el voluminoso manuscrito de casi quinientas páginas. Una vez allí, él y su esposa Mercedes descubrieron que no tenían el dinero suficiente para enviarlo todo, por ello enviaron la mitad. En Argentina estaban ansiosos de conocer el desenlace del libro porque a los primeros críticos les pareció una genialidad. Es así que, para enviar el segundo tomo, empeñaron los únicos electrodomésticos que les quedaban -el secador, el calentador y la batidora- y volvieron para enviar el resto. Aproximadamente trece meses le tomó a García Márquez escribir ‘Cien años de soledad’ (desde julio de 1965 hasta agosto de 1966), aunque casi un año más estuvo corrigiendo y afinando detalles de la narración que finalmente fue impresa el 30 de mayo de 1967. La portada estaba a cargo, a petición del propio Gabo, del artista mexicano-español Vicente Rojo, quien no alcanzó a enviar la ilustración a tiempo para la primera edición, por lo que Sudamericana pidió a su diseñadora Iris Pagano improvisar la carátula con un galeón perdido en medio de una selva azul y tres flores amarillas. El diseño de Rojo con figuras geométricas y mucho más sencillo salió con la segunda edición. Las dudas sobre la calidad de la novela eran una constante preocupación de García Márquez, quien al contrario de lo que dicen las leyendas, contó con las opiniones de sus allegados e inclusive de los lectores de diarios colombianos. García Márquez recibió un adelanto de 500 dólares por su obra más célebre cuenta la editora argentina Gloria Rodrigué que fue testigo cercana de la publicación de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que cambió el mapa literario de América Latina. Aparecida por primera vez hace medio siglo en Buenos Aires, que lo lanzó al reconocimiento universal en una entrevista, Rodrigué (Editorial Sudamericana)  dice: “Fue un contrato con un anticipo de 500 dólares, que hoy parece absurdo. Pero en esa época era un autor colombiano desconocido acá absolutamente, que no había tenido éxito con ninguno de sus libros”. La primera edición de la saga de los Buendía en Macondo publicada por Sudamericana se terminó de imprimir el 30 de mayo de 1967 y se “vendió volando”. “No había pasado ni un mes y tuvimos que reeditarla, increíble. Fue como un milagro, porque tampoco hicimos publicidad.”  Los primeros lectores de los manuscritos –como Mario Vargas Llosa y Álvaro Mutis*– ya comentaban en voz baja que era una de las mejores novelas en lengua castellana en muchos años, e incluso la editorial había doblado el tiraje luego de las pruebas de imprenta, Gabo, incrédulo, no esperaba nada extraordinario. Tenía 40 años, cuatro libros publicados y ninguno era un éxito. Lo que vino después fue una avalancha inesperada que removió los cimientos de la literatura universal y que aún no se detiene: la historia de las siete generaciones de la familia Buendía y de Macondo, un pueblito imaginario en el Caribe colombiano se convirtió en un fenómeno mundial que, hasta el momento, ha sido traducido a unos 49 idiomas, publicado por más de 100 editoriales y ha vendido más de 40 millones de copias en todo el mundo, sin contar las ediciones piratas. ¿Pero cómo un libro sobre un pueblo ficticio en Colombia se convirtió en una de las historias más universales de los últimos tiempos? Gran parte de la respuesta está en la historia que contó García Márquez. Las alegrías, las tragedias y las ilusiones de los Buendía en Macondo no sólo identificaron a los pueblos de América Latina, sino que también les llegaron al corazón a personas de todos los rincones del mundo. William Joseph Kennedy, el escritor y periodista estadounidense que ganó un Premio Pulitzer en 1984, escribió alguna vez en el diario The New York Times que Cien años de soledad era la primera pieza de literatura que toda la especie humana debería leer, después del Génesis. “García Márquez –dijo– ha hecho nada menos que crear en el lector un sentido de todo lo que es profundo, significativo e insignificante en la vida”. Las historias de Macondo, de hecho, no son muy distintas a las que ocurren en algunos lugares de África o en regiones como el lejano Oriente, que durante varios siglos vivió en medio de una sociedad feudal. La novela, además, se convirtió en un texto de referencia para los gobiernos de izquierda que en esa época regían en Europa del Este, Asia y buena parte de América Latina. Personajes como el coronel Aureliano Buendía –quien dirige varias revoluciones fracasadas contra un gobierno conservador– y temas como la pobreza en el campo o la explotación de la tierra por parte de empresas extranjeras sirvieron para que el libro circulara en los países socialistas. Pero más allá de los temas políticos, sociales y comerciales, la novela de Gabo marcó una época en la literatura universal. En Hispanoamérica, algunos afirman que es la segunda obra más importante de la lengua castellana después de Don Quijote de la Mancha. Hizo popular un estilo conocido como el realismo mágico, lleno de escenas extraordinarias y mágicas (hombres que vuelven de la muerte, hilos de sangre que recorren las calles de un pueblo o hermanos que quedan marcados con cruces de ceniza en la frente), al tiempo que se narran temas de fondo como el día a día de una sociedad rural y la violencia. De hecho, a partir de Cien años de soledad, varios de los mejores escritores del mundo encontraron la inspiración para contar sus propias historias. Para Gabo, quien gracias a la novela se convirtió en una figura mundial y quince años después se ganó el Nobel de Literatura, todo fue inesperado. “No sé a qué horas sucedió todo “–dijo en un congreso de la Real Academia de la Lengua Española llevado a cabo en 2007 en Cartagena. Cien años de soledad sigue alegrando la vida de lectores en cualquier parte del mundo. De hecho, lo más seguro es que en este mismo momento muchas personas de distintas razas, países y orígenes estén sumergidas en la historia de Macondo y de aquella tarde remota en la que el padre de Aureliano Buendía lo llevó a conocer el hielo.
 (c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay

Magda Lago Russo es una escritora uruguaya
*Álvaro Mutis Jaramillo(1923, Bogotá, Colombia - 2013, Ciudad de México)
Fueun novelista y poeta colombiano. Es considerado uno de los escritores hispanoamericanos contemporáneos más importantes

Fuentes: Semana (Revista colombiana)  y Agencia DPA Bogotá.

                                                 


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